Ejercicio y sensibilidad a la insulina


Sin duda que las cifras crecientes de obesidad en todo el mundo son uno de los responsables de que el número de personas con diabetes tipo 2 vaya en aumento; esta asociación entre diabetes y obesidad puede explicarse por la llamada sensibilidad a la insulina.

En la diabetes tipo 2, y en relación con la obesidad, la insulina elaborada por el páncreas no actúa como corresponde en los lugares de las células que deben “recibirla”, que se denominan receptores de insulina. De este modo, se genera lo que se llama resistencia a la insulina o insulinorresistencia. La insulinorresistencia hace que (entre otras cosas) la glucosa de la sangre no penetre a las células por lo cual permanece circulando por la sangre. Este elevado nivel de glucosa en la sangre lleva a que el páncreas fabrique más insulina, que también será poco eficaz. Esta sobrecarga de trabajo del páncreas lleva a que finalmente no logre fabricar la suficiente cantidad de insulina como para superar las dificultades de la misma en poder actuar. Esta es la base del desarrollo del síndrome metabólico, emparentado en su origen con la diabetes tipo 2.
Lo que se ha comprobado es que tanto en el síndrome metabólico como en la diabetes 2, la reducción del peso corporal en exceso lleva a una acción más eficiente de la insulina (mayor sensibilidad a la insulina) que elabora el páncreas (o la que se administra en ciertos casos de diabetes) y por lo tanto se logra un mejor control de la glucemia.

Métodos para mejorar la sensibilidad a la insulina

Existen diversos recursos para mejorar la sensibilidad a la insulina, como la dieta, el ejercicio y la medicación, pero en esta ocasión haremos referencia a lo que sucede con la realización de actividad física.
Al respecto, resulta muy interesante comentar los resultados de un trabajo  publicado recientemente en la revista Journal Clinical Endocrinology & Metabolism por un grupo de investigadores de diversos países (EE.UU., Italia y Países Bajos). La experiencia, llevada a cabo en 29 adolescentes (14 delgados y 15 obesos), consistió en la implementación de un programa de ejercicios físicos aeróbicos, que se desarrolló a lo largo de 12 semanas. El objetivo del trabajo fue realizar actividad física hasta que la frecuencia cardíaca se elevara hasta un 70% de la capacidad máxima.
Aunque ambos grupos de adolescentes incrementaron su rendimiento físico hasta en un 15%, no se evidenció pérdida de peso. No obstante, y este punto es el remarcable, la sensibilidad a la insulina tanto a nivel del hígado como de otras estructuras, aumentó notoriamente, tanto en los jóvenes delgados como en los obesos, incluso aun más en éstos últimos.

A partir de estos resultados los autores confirman que la actividad física mejora la eficiencia de la insulina, reduce la posibilidad de desarrollar diabetes o mejora el control glucémico cuando esta afección ya se encuentra presente.
La respuesta obtenida al ejercicio físico de estos jóvenes brinda un fundamento adicional a la recomendación de incrementar las actividades físicas y combatir el sedentarismo, particularmente entre los niños y jóvenes.

Fuente: Diabetes On Line

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