Diabetes y obesidad en México


La mayor parte de los pacientes adultos niegan la actividad física regular, muchos no han hecho ejercicio en años. Otro gran porcentaje refiere tabaquismo de casi media cajetilla diaria, y una o dos cajas durante los fines de semana. A esto hay que añadirle que también la mayoría sufren de sobrepeso y obesidad. Cuando a estos pacientes se les realizan determinaciones de colesterol y triglicéridos la situación empeora pues casi la mitad de ellos tienen estas grasas elevadas en la sangre.

La sociedad ha mostrado su cambio más importante quizás desde la década de los 70; a partir de estos años la sociedad se convirtió en francamente obesógena. Un mayor gusto por la comida rápida, incremento en las horas laborales, una búsqueda por actividades placenteras, alejando cualquier práctica que requiera de tiempo y esfuerzo; y desde luego el factor principal fue el haber subestimado la obesidad, pues todo mundo pensaba que era muy fácil modificar los hábitos añejos, e inmediatamente cualquier persona podía tomar la iniciativa de bajar de peso con ejercicio y nutrición.

Los años recientes han mostrado justamente lo contrario y lo difícil que es bajar de peso a la gran población mundial. Por un lado se le invita a las personas a realizar ejercicio y alimentarse adecuadamente, mientras que por otro se les exhorta a hacer justo lo contrario: las campañas publicitarias de las grandes compañías invitan al consumo de comida desfavorable, la televisión atrapa a los niños y adultos hasta 4 a 6 horas diariamente, y en los fines de semana pueden llegar a las 12 horas por día. Desde luego, muchos acostumbran comer durante las horas de televisión, videojuegos o frente a la computadora.

La obesidad fue subestimada, porque nadie imaginó la gran cantidad de enfermedades asociadas como la diabetes mellitus, hipertensión arterial, infartos, problemas respiratorios como ronquera al dormir y falta de “aire”, molestias articulares, colesterol alto y discriminación. La Diabetes y los infartos son las primeras causas de mortalidad en nuestro país. El consumo de recursos en los hospitales de salud pública por tan solo estas dos patologías es realmente grande.

Literalmente el Seguro Social y el ISSTE no se “dan abasto” con estos pacientes y sus complicaciones. La población sana tiene la falsa impresión que el paciente Diabético acude a un hospital o consultorio solo para control de su azúcar en sangre y administrarle uno o dos medicamentos; mientras que la realidad es otra totalmente distinta.

El enfermo Diabético invade los hospitales y consultorios de diferente manera, por ejemplo: Unos acuden por problemas visuales o ceguera, secundaria a retinopatía diabética; por tanto requieren de tratamiento especializado por oftalmólogos y retinólogos o, en su caso, de rehabilitación cuando ya han perdido la vista. Otros acuden con el médico por problemas de mala circulación y ulceras en los pies, necesitando también de médicos angiólogos y cirujanos, o en su defecto cuando ya fue demasiado tarde y no se pudo evitar la amputación, requerirán también de rehabilitación física y psicológica.

Otro grupo de enfermos Diabéticos ingresaran al hospital por falla renal y requerirán de internamientos – ocupación de camas- intermitentes que pueden ser de 7 a 14 días hospitalizados, mientras se estudia y controla la insuficiencia renal, muchos de ellos terminarán por requerir algún procedimiento de diálisis, ya sea abdominal o peritoneal, fístula arteriovenosa, o hemodiálisis, todo esto también consume una gran cantidad de recursos diariamente.

En términos muy generales estamos hablando de equipos láser, material de sutura y curación, fármacos múltiples como hipoglucemiantes, antibióticos, soluciones, diuréticos, anti-colesterol, alimentación etc. etc., catéteres para diálisis, quirófanos, y por supuesto camas, enfermeras y médicos. Cuando el paciente obeso o diabético se infarta utiliza un sin fin de recursos como terapias fibrinolíticas costosas, cateterismos coronarios y uso de angioplastia que “destapan” las arterias; otros necesitarán de cirugía de corazón para colocación de “puentes” vasculares. Todo ello requiere de una estructura superespecializada con salas de hemodinamia, terapia intensiva y urgencias. Estos son tan solo algunos ejemplos de las necesidades hospitalarias de los pacientes Diabéticos y Obesos.

Por eso es necesario establecer programas a mediano y largo plazo que se fundamenten no solo en el tratamiento de la enfermedad, sino básicamente en la prevención de la obesidad y sus enfermedades asociadas. La clave está en la población infantil, que ya fue invadida por los estragos de la sociedad obesógena. Hoy existen millones de niños con sobrepeso y obesidad, pero solo una cantidad insignificante está siendo tratada. Mucho tienen que hacer el sector salud, medios de comunicación y Gobierno en la elaboración de estrategias preventivas. Cuando un niño y adolescente se mantiene en su peso normal reduce con mucho la posibilidad de ser obeso o diabético al llegar a la edad adulta.

Fuente: Milenio.

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