Los beneficios del omega 3


La diabetes mellitus es una enfermedad multigenética y multifactorial. La relación entre diabetes mellitus y omega 3 se determinó cuando se observó que en los esquimales había una menor incidencia de diabetes y un alto consumo de pescado (omega 3). Esto llevó a preguntarse, ¿hay alguna relación entre la ingesta de pescado y la diabetes?

Los ácidos grasos omega 3 son una forma de grasa poliinsaturada que el cuerpo obtiene de los alimentos. Los omega 3 y omega 6 son conocidos como ácidos grasos esenciales debido a que son importantes para la buena salud. Pero el cuerpo no puede producirlos por sí solo, de tal manera que se deben obtener de los alimentos, tales como pescado de agua fría, incluyendo el atún, el salmón y la caballa. Otros ácidos grasos omega 3 importantes se encuentran en los vegetales de hoja verde, aceite de semillas de linaza y ciertos aceites vegetales.

¿Cómo ayuda a la diabetes?

Se ha propuesto que los ácidos grasos poliinsaturados pueden tener un efecto benéfico en el desarrollo y control de la diabetes a través de diferentes mecanismos. Uno de los mecanismos propuestos indica que la composición lipídica modifica la actividad de enzimas involucradas en el metabolismo de la glucosa y síntesis de lipoproteínas produciendo un cambio en la disponibilidad de sustratos para producir energía, reduciendo de esta manera la resistencia a la insulina.

Las personas con diabetes tienden a que sus niveles de triglicéridos estén elevados y que sus niveles de colesterol HDL estén bajos. Los omega 3 pueden ayudar que los niveles de triglicéridos disminuyan e incrementen sus niveles de colesterol HDL (colesterol bueno). También existe evidencia que indica que el consumo de ácidos grasos poliinsaturados tiene un efecto protector para el desarrollo de diabetes mellitus tipo 2 ya que disminuye significativamente la intolerancia a la glucosa en comparación con las personas que consumen bajas o nulas cantidades de este tipo de ácidos grasos.

En un estudio realizado por Health Professionals Follow-up se reportó que una ingesta de la grasa total saturada está asociada con un mayor riesgo de diabetes mellitus tipo 2.

Por otro lado Salmerón y colaboradores encontraron que al suplir el 2% de la energía proveniente de grasa trans por ácidos grasos poliinsaturados permite la disminución en un 40% de riesgo de presentar diabetes mellitus tipo 2.

Resultados basados en cuestionarios dietarios indican una asociación positiva entre la ingesta de ácidos grasos saturados y riesgo de deteriorar la tolerancia a la glucosa, resistencia a la insulina y diabetes.

El estudio Zutphen-Elderly encontró una incidencia significativamente menor de intolerancia a la glucosa en las personas que consumen pescado que aquellas que no lo consumen. También se ha indicado que un aumento en la composición de ácidos grasos séricos modula la acción de la insulina, por lo que un aumento en la concentración de ácidos grasos saturados está relacionado con un deterioro del metabolismo de la glucosa y diabetes.

El perfil de grasa en la dieta juega un papel importante en la etiología de la diabetes, ya que se han encontrado algunas asociaciones negativas, pues la suplementación dietética en las personas con diabetes dependerá de las dosis diarias del mismo. Se ha señalado que dosis elevadas a corto plazo (7.5 g/días) elevan la glucosa en ayuno mientras que dosis bajas (4g/día) no la modifican, por lo que se recomienda que cualquier cambio en la composición de ácidos grasos en la dieta debe hacerse con supervisión médica y dietética.

Los omega 3 y la obesidad

Los ácidos grasos indispensables mejoran las alteraciones bioquímicas y metabólicas asociadas con la obesidad, como son la esteatosis hepática y la resistencia a la insulina. Los omega 3 se oxidan más rápido que los ácidos grasos saturados, ya que tienen la característica especial de incrementar la termogénesis y como consecuencia reducen la eficiencia de depositar grasa corporal.

Por otra parte la obesidad actualmente se considera como una enfermedad inflamatoria, ya que en niños y adultos con obesidad presentan altas concentraciones de proteína C reactiva, interleucina 6, factor de necrosis tumoral-6 y leptina, los cuales son marcadores de inflamación. Los ácidos grasos indispensables inhiben la producción de estas citocinas proinflamatorias e incrementan el número de receptores de insulina en varios tejidos.

Los omega 3 y el corazón

El consumo en la alimentación de ácidos grasos indispensables, contribuye a estabilizar el metabolismo de las grasas en el organismo ya que el metabolismo de las grasas (específicamente del colesterol) su cantidad y su transporte se corrigen particularmente, reduciendo el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular. Concretamente intervienen en la reducción del colesterol transportado en lipoproteínas de baja densidad y facilitando el aumento de las lipoproteínas de alta densidad, tienen, además, un papel en el funcionamiento normal del endotelio en cuyo seno se producen las lesiones de la arteriosclerosis, ya que disminuyen la expresión de moléculas de adhesión en el endotelio y en células mononucleares de sangre periférica reduciendo así la adhesión celular.

Existe evidencia que indica que los ácidos grasos indispensables ayudan a prevenir la ateroesclerosis (el endurecimiento de las arterias, es un trastorno común que ocurre cuando se acumulan grasa, colesterol y otras sustancias en las paredes de las arterias y forman estructuras duras llamadas placas) ya que inhiben el desarrollo de plaquetas. También se ha visto que en personas que han sido suplementadas con omega 3 presentan menos infartos y problemas cardiacos.

Se ha demostrado que los omega 3 tienen una función cardioprotectora ya que disminuye significativamente la proteína C reactiva y que su consumo se asocia con la disminución del 50% en el riesgo de paro cardiaco.

También se ha observado que los pacientes que habían sufrido un infarto de miocardio y que tomaban más de 1 gramo diario de ácidos grasos omega 3 fallecían menos debido a la muerte súbita. La razón parece ser que viene mediado por la menor presencia de arritmias malignas observadas en los estudios realizados a esos pacientes tras su episodio coronario.

Los omegas 3 y el cáncer

Se estima que alrededor del 35% de las muertes por cáncer están relacionadas con la dieta. La cantidad y el tipo de grasa de la dieta consumida pueden ser importantes en el desarrollo del cáncer humano.

Se ha sugerido que el consumo de omega 3 tiene efectos benéficos en la lucha contra el cáncer, sin embargo no se conoce exactamente los mecanismos bioquímicos por los cuales los omega 3 inhiben el desarrollo celular en algunos tumores.

Un consumo significativo de cantidades de omega 3 tiene relación con un menor riesgo de cáncer de colon. Estudios en animales de laboratorio han encontrado que los omega 3 previenen un empeoramiento de cáncer de colon, y que un consumo diario de EPA y DHA parece que disminuye o revierte la progresión de cáncer en personas en etapas tempranas de la misma.

En mujeres que sustituyen el consumo de carne por pescado, donde su consumo de omega 3 es mayor, se ha visto que disminuye el riesgo de muerte por cáncer de mama. Es importante el balance entre omega 3 y omega 6, ya que se ha visto que es esencial en el desarrollo y crecimiento de cáncer de mama.

Por otro lado, estudios en animales de laboratorio indica que los omega 3, específicamente DHA por EPA, pueden inhibir el desarrollo de cáncer de próstata. Estudios en población humana sugieren que el consumo de una dieta baja en grasa con un aumento en omega 3 previenen el desarrollo de cáncer de próstata.

¡Comamos omega 3!

Se ha encontrado que los ácidos grasos omega 3 son benéficos para el corazón y entre sus efectos positivos se pueden mencionar, entre otros: acciones antiinflamatorias y anticoagulantes, disminución de los niveles de colesterol y triglicéridos y la reducción de la presión sanguínea. Estos ácidos grasos también pueden reducir los riesgos y síntomas de otros trastornos, incluyendo diabetes, accidente cerebrovascular, algunos cánceres, artritis reumatoide, asma, enfermedad intestinal inflamatoria, colitis ulcerativa y deterioro mental.

Fuente: Revista Digital “Vivir Bien con Diabetes”

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